El fin de las cosas
Estamos acostumbradxs a pensar que cuando algo acaba, fracasó. Llámese una relación, un empleo, una empresa, un emprendimiento, un proyecto, un país. Si termina, perdiste, es un fracaso. De pronto se olvidan todas las veces que sí funcionó, todos los días que esa cosa te dio exactamente lo que necesitabas en el momento, te mantuvo o sencillamente te hizo feliz o te permitió mantenerte lo suficientemente estable para dar el siguiente paso. Se olvidan todos los aprendizajes y desarrollo de personaje porque lo único que nos importa es el final. Juanito y Chuchita cortaron, la empresa de Don Manolo quebró, Pepito renunció a su trabajo, a Mari la corrieron y Fulano se salió de la carrera antes de titularse. Historias de fracasos todas aquellas. A nadie le importa el trayecto recorrido. Pero la única razón por la que pensamos eso, es porque nunca planeamos el final de las cosas desde un inicio. Entras a una relación con la esperanza de casarte y morir juntxs, empiezas un emprendimiento esper...


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