El fin de las cosas

Estamos acostumbradxs a pensar que cuando algo acaba, fracasó. Llámese una relación, un empleo, una empresa, un emprendimiento, un proyecto, un país. Si termina, perdiste, es un fracaso. De pronto se olvidan todas las veces que sí funcionó, todos los días que esa cosa te dio exactamente lo que necesitabas en el momento, te mantuvo o sencillamente te hizo feliz o te permitió mantenerte lo suficientemente estable para dar el siguiente paso. Se olvidan todos los aprendizajes y desarrollo de personaje porque lo único que nos importa es el final. Juanito y Chuchita cortaron, la empresa de Don Manolo quebró, Pepito renunció a su trabajo, a Mari la corrieron y Fulano se salió de la carrera antes de titularse. Historias de fracasos todas aquellas. A nadie le importa el trayecto recorrido.



Pero la única razón por la que pensamos eso, es porque nunca planeamos el final de las cosas desde un inicio. Entras a una relación con la esperanza de casarte y morir juntxs, empiezas un emprendimiento esperando heredarlo a tus hijxs, entras a un empleo y quieres quedarte en la empresa el resto de tu vida, pero esas simplemente no son expectativas realistas.

¿Alguna vez has intentado entrar al gimnasio? ¿O adquirir un nuevo pasatiempo que requiriera cierto grado de habilidad o condición física? Rápidamente te das cuenta que no puedes empezar de cero a cien, que tardarás en tener esa condición, que hará falta mucho esfuerzo. Tienes que empezar corriendo medio kilómetro tres veces a la semana y poco a poco irle subiendo antes de correr el maratón; empiezas con una lagartija, luego dos, luego diez y luego te metes a Hyrox (no sé cómo funciona el hyrox). Vas poco a poco, te pones pequeñas metas realistas, progresivas, ascendentes.

Imagínate si empezaras cada proyecto con esos ojos, con esa mentalidad: voy a probar un mes y vamos viendo si me gusta o no, a ver si me quedo; o planeando el final: esto va a durar un año y estas van a ser las etapas. Si me gusta mucho puedo volver a empezar, volver a suscribirme, renovar el contrato, simplemente quedarme. Imagínate entrar a una relación planeando el final, sabiendo desde el inicio que va a acabar, cuándo, cómo y por qué, pero con la tranquilidad de que ese es el plan y de que siempre se puede modificar. Imagínense un país, un proyecto de nación con una Constitución diseñada para durar, no sé, cien años solamente. Que desde un inicio fuera el plan renovar las leyes cada cierto periodo de tiempo.

No sé qué tan buena idea sea esta honestamente. Lo que sí sé es que por un lado, no te deberías de sentir mal por renunciar a un trabajo o a una relación donde verdaderamente ya no te sentías bien. Claro, en todo hay ratos malos y es parte del compromiso que implica ser parte de algo el a veces tragarte esos tragos (valga la redundancia) amargos y seguir adelante. Pero no porque algo se acaba significa que fracasó. Con que por un instante te haya funcionado, yo creo que ya fue un éxito.

Javi, ¿andas dolido? ¿de dónde sale esto? Es una idea que llevo pensando desde hace varios años pero recientemente la tuve muy presente porque de mis amistades más cercanas de todos mis diversos grupos sociales, tengo mínimo seis amigos complemente diferentes y desconocidos entre ellos que acaban de renunciar o me comentaron que planean renunciar en el futuro cercano. Estas conversaciones sucedieron todas en el último mes, o dos meses. No es mucho pero me parece raro que haya sucedido tanto tan seguido, tanta gente tan cercana a mí. A todxs les dije lo mismo y me lo agradecieron. Espero que a ti, quienquiera que seas, también te sirva leer esto, te traiga algo de paz y te ayude a sentir menos presión en general en tu vida. 


Comentarios

Entradas populares